"La mayoría de personas que no me conoce desde hace tiempo, piensa que siempre me he dedicado a la sanación energética, que siempre he meditado y he cuidado mi cuerpo, mi mente y espíritu ."


Pero no... y quizás te sorprenderías si te cuento mi historia más personal.

Nací y crecí cerca de Barcelona, en un barrio muy humilde, para muchas personas una zona peligrosa aunque jamás tuve problema. Desde dentro todo parece siempre menos…


Ahí a la derecha me puedes ver a la edad de 5 o 6 años con cara de haber hecho una travesura de las buenas... ¡Como de costumbre!


Desde muy joven, sentía que algo no me encajaba en la vida, aunque por aquel entonces no tenía ni idea de qué era. A pesar de ser un niño muy sociable, en mis sentimientos más profundos me sentía desconectado de algo de los demás, de algo importante; de lo socialmente correcto y aceptable: “Obedece siempre a los adultos, estudia si quieres triunfar en la vida... “¡Niño! ¡Deja de preguntar cosas raras y ponte a jugar!”. De fondo siempre sentía una sensación de vacío y falta de sentido que matizaba toda mi vida. Algo no encajaba, pero no sabía que era.

Más tarde, la cosa empeoró... La adolescencia fue una época difícil. Había aprendido a adaptarme a lo que la sociedad, mi entorno y amigos se suponía que esperaban de mí. Cuanto más lo conseguía, más alejado estaba de lo que realmente soy. Me sentía profundamente infeliz y desconectado de cualquier sentido de profundidad en la vida. Las expectativas de mi vida, los estudios, el trabajo... Todo se había convertido en algo tedioso y carente de significado.


Ahora sé que para adaptarse a los moldes preestablecidos de los demás y para encajar en una sociedad desequilibrada e inconsciente, hace falta construir muchas máscaras artificiales alrededor de nuestra personalidad. Este proceso, produce mucho sufrimiento y aprisiona la auténtica esencia creativa de lo que somos originalmente. Cuanto más tiempo vives sin expresar tu naturaleza, más te alejas de tu auténtica esencia, del sentimiento natural de plenitud que surge espontáneamente de tu vocación, de tus dones y talentos.


Sin embargo, aquellos años difíciles, de rebeldía y sentimiento de vacío fueron muy necesarios.


Gracias a Dios la vida me dio varios tortazos y viví varias crisis de valores existenciales. Estas experiencias me obligaron a replantearme quién era y qué había venido a hacer en este mundo. Todo eso me llevó poco a poco a ir soltando lastre, a quitarme máscaras y aprender a aceptarme tal cual era. También a dejar de complacer a los demás, a dejar de preocuparme por ser aceptado, para en lugar de ello, abrazar cada vez más mi auténtico yo.


Las cosas empezaron a ir mejor...

"Hay dos grandes momentos en la vida, el primero es cuando naces, y el segundo es cuando descubres cuál es tu propósito en la vida."


Por cierto, durante toda mi juventud se me olvidó contarte que aparte de llevar una ajetreada vida social, me dediqué a leer y absorber como una esponja cualquier información relacionada con la psicología, desarrollo personal, programación neurolingüística, comunicación emocional… Todo eso me llevo a un gran crecimiento personal, pero aún seguía esa sensación de vacío hasta que…


¡¡¡Eureka!!!


Empecé a meditar. Ese momento sin duda marco un antes y un después en mi vida.

Empezar a meditar supuso descubrir que podía parar la mente, que podía controlar las emociones, elevar mi vibración hasta casi sentir que estallaba de amor y que tenía capacidades que hasta entonces había intuido levemente, pero con las que por fin había re-conectado de lleno.


Fue como descubrir que el santo grial siempre había estado dentro mío. Hasta entonces siempre había sido algo reacio hacía ciertas corrientes filosóficas predominantemente espirituales. Basaba mis lecturas y estudios en aquello que consideraba empíricamente tangible y comprobable… Vamos, en la ciencia ortodoxamente y medible.


Pero eso empezó a cambiar, y la palabra espiritualidad empezó a tomar un definido significado en mi bienestar interior.


La paz interior, el sentido de trascendencia de la vida y la claridad mental de propósito empezaron a hacerse tangibles en mi conciencia.


¡A partir de ese momento empieza una nueva vida!

“Quien vive en armonía consigo mismo vive en armonía con el universo.”


Marco Aurelio


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